1932: La sombra del autoritarismo se cierne sobre Europa
El año 1932 presenció uno de los nombramientos políticos que más profundamente alteraría el curso de la historia del siglo XX. El 30 de enero, el presidente alemán Paul von Hindenburg designó a Adolf Hitler como canciller tras negociaciones con políticos conservadores que subestimaron fatalmente la amenaza nazi. Este nombramiento marcó el inicio del Tercer Reich, permitiendo a Hitler consolidar rápidamente su poder y transformar la democrática República de Weimar en un estado totalitario. En cuestión de meses, Hitler eliminaría toda oposición política, establecería un régimen de partido único y comenzaría a implementar políticas antisemitas, sentando las bases para la tragedia que se desarrollaría en los años siguientes.
En contraste con los oscuros nubarrones políticos, el deporte ofrecía momentos de distracción y orgullo nacional. Del 30 de julio al 14 de agosto de 1932, Los Ángeles acogió los Juegos Olímpicos en medio de la Gran Depresión. A pesar de las dificultades económicas, estos juegos contaron con la participación de 1,332 atletas de 37 países. El nadador japonés Kusuo Kitamura escribió su nombre en la historia olímpica al convertirse en el campeón más joven en pruebas individuales, ganando los 1500 metros con solo 14 años. Estados Unidos dominó el medallero con 41 medallas de oro, demostrando su creciente poderío deportivo y ofreciendo a la nación un motivo de celebración en tiempos difíciles.
Un suceso conmovió profundamente a la sociedad estadounidense el 1 de marzo de 1932\. El hijo de 20 meses del famoso aviador Charles Lindbergh fue secuestrado de su casa en Nueva Jersey, generando lo que se llamó "el crimen del siglo". Este trágico suceso, que culminó con el hallazgo del cuerpo del niño en mayo, capturó la atención nacional e internacional, inspiró numerosas obras literarias y cinematográficas, además de impulsar la creación de leyes federales contra el secuestro en Estados Unidos. El juicio posterior al presunto secuestrador, Bruno Hauptmann, se convirtió en uno de los primeros "juicios mediáticos" de la historia moderna.
Australia vivió un momento de orgullo nacional y logro ingenieril el 7 de noviembre de 1932 con la apertura del puente Sydney Harbour Bridge. Esta impresionante estructura de acero, con 503 metros de largo, conectó el centro de Sídney con los suburbios del norte, facilitando enormemente el transporte en la creciente metrópolis. Conocido cariñosamente como "The Coathanger" (El Perchero) por su forma característica, el puente se convirtió rápidamente en un símbolo nacional australiano y un hito de la ingeniería mundial. Su construcción, que empleó a 1,400 trabajadores durante ocho años, representaba la capacidad humana para superar desafíos técnicos y transformar el entorno urbano.
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