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1974: El escándalo Watergate socava la confianza pública mientras el deporte ofrece momentos de unidad global

El 9 de agosto de 1974, Richard Nixon se convirtió en el primer y hasta ahora único presidente de Estados Unidos en dimitir de su cargo, culminando el escándalo constitucional más grave de la historia americana moderna. La crisis había comenzado dos años antes, el 17 de junio de 1972, cuando cinco hombres fueron arrestados en el complejo Watergate de Washington D.C. mientras intentaban instalar dispositivos de escucha en la sede del Comité Nacional Demócrata. La investigación periodística de Bob Woodward y Carl Bernstein del Washington Post, apoyados por su fuente anónima "Garganta Profunda" (posteriormente identificada como Mark Felt, subdirector del FBI), comenzó a establecer vínculos entre los ladrones y el Comité para la Reelección del Presidente. A medida que la investigación avanzaba, se reveló un patrón de obstrucción a la justicia, abuso de poder y violaciones constitucionales que llegaba hasta el Despacho Oval. El punto de inflexión llegó cuando se descubrió que Nixon había instalado un sistema de grabación en la Casa Blanca. Tras una batalla legal que llegó hasta el Tribunal Supremo, Nixon se vio obligado a entregar las cintas, incluyendo la devastadora "smoking gun" del 23 de junio de 1972, donde se le escuchaba ordenando a la CIA bloquear la investigación del FBI usando falsamente la seguridad nacional como excusa. Con el Comité Judicial de la Cámara votando a favor de tres artículos de impeachment (obstrucción a la justicia, abuso de poder y desacato al Congreso) y la certeza de que sería condenado por el Senado, Nixon anunció su dimisión en un discurso televisado el 8 de agosto. Al día siguiente, tras un breve discurso donde citó los logros de su administración sin admitir culpabilidad, abandonó la Casa Blanca en helicóptero. Su vicepresidente Gerald Ford, quien había asumido el cargo apenas ocho meses antes tras la dimisión de Spiro Agnew por corrupción, se convirtió en presidente y un mes después concedió a Nixon un controvertido perdón completo. El escándalo Watergate, cuyo nombre se convertiría en sufijo para toda clase de controversias posteriores, transformó la relación entre americanos y su gobierno, instaurando una era de escepticismo hacia las instituciones que reemplazó la deferencia de posguerra. También fortaleció el poder del Congreso frente al Ejecutivo, revitalizó el periodismo de investigación, y generó reformas como la Ley de Registros Presidenciales o nuevas regulaciones sobre financiación de campañas, en un intento por restaurar la integridad del sistema político americano.

El boxeo mundial vivió uno de sus momentos más emblemáticos el 30 de octubre de 1974 en Kinshasa, Zaire (actual República Democrática del Congo). El combate promocionado como "The Rumble in the Jungle" (El Estruendo en la Jungla) enfrentó a Muhammad Ali, ex campeón que buscaba recuperar el título arrebatado siete años antes por negarse a servir en Vietnam, contra George Foreman, campeón invicto considerado prácticamente invencible tras demoler a oponentes como Joe Frazier y Ken Norton. El evento, organizado por el promotor Don King con una bolsa sin precedentes de 5 millones de dólares para cada púgil, fue posible gracias al financiamiento del dictador zaireño Mobutu Sese Seko, ansioso por proyectar una imagen internacional positiva de su régimen. El combate, originalmente programado para septiembre pero pospuesto cuando Foreman sufrió un corte en el entrenamiento, se celebró en el Estadio 20 de Mayo ante 60,000 espectadores y fue transmitido a nivel mundial. Ali, dado como claro perdedor por la mayoría de expertos debido a su edad (32 años frente a los 25 de Foreman) y aparente pérdida de velocidad, sorprendió al mundo implementando una estrategia que llamó "rope-a-dope" (literalmente "engañar en las cuerdas"): en lugar de bailar y moverse como era su estilo característico, se recostaba en las cuerdas, cubriéndose mientras permitía que Foreman gastara energía lanzando golpes, muchos de los cuales eran bloqueados o amortiguados. A medida que Foreman se agotaba en el calor húmedo tropical, Ali comenzó a contraatacar con combinaciones rápidas, hasta que en el octavo asalto conectó una serie culminada por una derecha que envió a Foreman a la lona. El árbitro Zack Clayton completó la cuenta mientras Foreman intentaba levantarse, consumando lo que muchos consideran la mayor sorpresa en la historia del boxeo. Esta victoria, que devolvía a Ali el título de los pesos pesados siete años después de perderlo por razones políticas, transcendió lo deportivo para convertirse en un momento cultural emblemático: simbolizó el triunfo de la inteligencia sobre la fuerza bruta, de la experiencia sobre la juventud, y para muchos afroamericanos y africanos, representó una vindicación de la dignidad negra en un escenario global. El combate, inmortalizado en el documental oscarizado "When We Were Kings" (1996), consolidó a Ali como figura cultural trascendente y demostró el poder del deporte para capturar la imaginación global y articular narrativas que van más allá de lo puramente atlético.

El 5 de octubre de 1974, el genial compositor y cantante brasileño Chico Buarque lanzó su séptimo álbum de estudio titulado simplemente "Sinal Fechado" (Semáforo en Rojo), uno de los ejemplos más brillantes de resistencia cultural contra la dictadura militar que gobernaba Brasil desde 1964\. Este disco, cuya canción título (compuesta por Paulinho da Viola) utilizaba la metáfora de un encuentro breve en un semáforo para aludir a la imposibilidad de comunicación bajo la represión, ejemplificaba las estrategias creativas que los artistas brasileños desarrollaron para eludir la censura. Buarque, formado en la rica tradición de la bossa nova pero con un compromiso social más explícito, se había convertido en una de las voces más críticas contra el régimen, lo que le valió el exilio en Italia entre 1969 y 1970\. Tras su regreso, sus composiciones fueron sometidas a un escrutinio especial por los censores, obligándole a adoptar técnicas como el doble sentido, metáforas elaboradas y hasta un seudónimo (Julinho da Adelaide) para seguir expresando su disidencia. Canciones como "Cálice" (juego de palabras entre "cáliz" y "cállate" en portugués), "Apesar de Você" (A pesar de ti) o "Construção" (Construcción) se convertirían en himnos de resistencia democrática, aunque aparentemente trataran temas amorosos o cotidianos. Este tipo de música comprometida pero sofisticada, que Buarque compartía con otros grandes como Gilberto Gil, Caetano Veloso, Milton Nascimento o Elis Regina, formaba parte del movimiento conocido como MPB (Música Popular Brasileira), que fusionaba tradiciones musicales brasileñas con influencias internacionales y letras de alta calidad literaria. El caso de Buarque ejemplifica la importancia de la cultura, y particularmente la música popular, como espacio de resistencia y preservación de valores democráticos bajo regímenes autoritarios, una dinámica que se repetiría en otras dictaduras latinoamericanas del periodo como Chile, Argentina o Uruguay. Su obra, que continúa hasta hoy combinando excelencia musical con compromiso social, simboliza la capacidad del arte para mantener espacios de libertad incluso en contextos opresivos, y para articular críticas al poder que resuenen emocionalmente con audiencias amplias, trascendiendo el discurso político explícito.

El 20 de noviembre de 1974, el Departamento de Justicia de Estados Unidos presentó una histórica demanda antimonopolio contra AT\&T, el gigante de las telecomunicaciones que controlaba virtualmente todo el servicio telefónico del país a través de su subsidiaria Bell System. Esta acción legal, que culminaría ocho años después con el mayor proceso de desintegración corporativa de la historia americana, argumentaba que la empresa había abusado de su posición monopolística para impedir la competencia en equipos telefónicos e imponer precios excesivos a los consumidores. AT\&T, apodada "Ma Bell" (Mamá Bell), se había convertido en un coloso que empleaba a más de un millón de personas, poseía el servicio telefónico de largo alcance y, a través de sus 22 compañías operativas regionales (las "Baby Bells"), controlaba aproximadamente el 80% de las líneas telefónicas locales. Tras años de batallas legales, en 1982 la compañía aceptó un acuerdo extrajudicial con el Departamento de Justicia que establecía su división: AT\&T mantendría los servicios de larga distancia y fabricación de equipos, mientras las operaciones locales se dividirían en siete compañías regionales independientes. Esta histórica decisión antimonopolio, implementada oficialmente el 1 de enero de 1984, transformó radicalmente el panorama de las telecomunicaciones americanas y globales. Al romper el monopolio vertical, la desregulación permitió la entrada de competidores como MCI y Sprint en el mercado de larga distancia, acelerando la innovación tecnológica, reduciendo significativamente las tarifas (especialmente internacionales) y mejorando la calidad del servicio. Además, liberó a las compañías regionales para expandirse a nuevos mercados como la telefonía móvil, entonces incipiente. Esta desregulación del sector, junto con la creciente digitalización, sentó las bases para la revolución en telecomunicaciones que culminaría con Internet y la telefonía móvil, transformando profundamente cómo nos comunicamos. Desde una perspectiva más amplia, el caso AT\&T marcó un punto de inflexión en la política antimonopolio americana, que pasaría de centrarse exclusivamente en el tamaño de las empresas a considerar principalmente su impacto en los precios al consumidor, un enfoque que ha dominado hasta nuestros días, aunque con crecientes cuestionamientos ante el surgimiento de los gigantes tecnológicos contemporáneos.

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