1968: Protestas globales y transformaciones políticas en un año de crisis
El año 1968 se inició con uno de los ataques más audaces y simbólicamente potentes de la Guerra de Vietnam. Durante la festividad del Tet (Año Nuevo lunar vietnamita), el 30 de enero, el Viet Cong y el Ejército Norvietnamita lanzaron una ofensiva coordinada contra más de 100 ciudades y bases sudvietnamitas, incluyendo la embajada estadounidense en Saigón y la antigua capital imperial de Hué, que fue capturada durante casi un mes. Esta ofensiva, planeada por el general Vo Nguyen Giap, contradecía frontalmente el optimista discurso oficial americano sobre el curso de la guerra, que había asegurado que se estaba ganando y que el enemigo estaba debilitado. Aunque militarmente la ofensiva del Tet fue un fracaso para los comunistas, que sufrieron enormes bajas y no lograron provocar el levantamiento popular que esperaban, su impacto psicológico y político fue devastador para Estados Unidos. Las dramáticas imágenes televisivas del ataque a la embajada y del general sudvietnamita Nguyen Ngoc Loan ejecutando a un prisionero del Viet Cong en plena calle impactaron profundamente a la opinión pública americana, socavando la credibilidad del gobierno y ampliando la brecha entre el discurso oficial y la realidad percibida. El respetado presentador de CBS Walter Cronkite, tras visitar Vietnam, concluyó en un inusual comentario editorial que la guerra estaba en punto muerto y que la única salida honorable era una "salida negociada". El presidente Johnson, al ver la reacción de Cronkite, habría comentado: "Si he perdido a Cronkite, he perdido a la América media", reconociendo el decisivo impacto de los medios en la percepción pública del conflicto. La ofensiva del Tet marcó un punto de inflexión en la guerra, llevando a Johnson a anunciar el 31 de marzo que no buscaría la reelección, a iniciar conversaciones de paz en París en mayo, y a ordenar una limitación de los bombardeos. La victoria psicológica de los comunistas, lograda a pesar de su derrota táctica, demostraría la importancia del factor mediático y de la voluntad política en los conflictos modernos, estableciendo un patrón que se repetiría en guerras posteriores.
El 4 de abril de 1968, el movimiento por los derechos civiles y la sociedad estadounidense en su conjunto recibieron un golpe devastador con el asesinato de Martin Luther King Jr. El líder, que se encontraba en Memphis apoyando una huelga de trabajadores sanitarios afroamericanos, fue abatido de un disparo en el balcón del Lorraine Motel por James Earl Ray, un delincuente común y segregacionista que sería capturado dos meses después en Londres. King, de apenas 39 años, había emergido como la voz moral más poderosa del movimiento por los derechos civiles desde su liderazgo en el boicot a los autobuses de Montgomery en 1955-56. Su elocuencia, ejemplificada en el histórico discurso "I Have a Dream" de 1963, su compromiso con la resistencia no violenta inspirada en Gandhi, y su capacidad para articular la lucha por la igualdad racial en términos de los valores cristianos y democráticos americanos, lo habían convertido en un puente entre la comunidad afroamericana y la conciencia liberal blanca. En sus últimos años, King había ampliado su agenda para incluir la oposición a la guerra de Vietnam y la lucha contra la pobreza, posiciones que le valieron críticas incluso dentro del movimiento. Su asesinato desencadenó disturbios raciales en más de 100 ciudades estadounidenses, con un balance de 39 muertos, 2,600 heridos y daños por valor de 65 millones de dólares. La violencia confirmaba paradójicamente la advertencia de King de que "los disturbios son el lenguaje de los no escuchados". El presidente Johnson declaró un día de luto nacional y aceleró la aprobación de la Ley de Vivienda Justa, última gran legislación de derechos civiles de la década. El funeral de King en Atlanta reunió a más de 100,000 personas, incluyendo figuras como el vicepresidente Humphrey, la viuda de Kennedy, el senador Kennedy y numerosas celebridades. Su legado se ha institucionalizado con un día festivo nacional desde 1986, pero su sueño de igualdad racial y justicia económica sigue siendo un desafío para la sociedad estadounidense. El asesinato de King, junto con el de Robert Kennedy dos meses después, profundizó la crisis de liderazgo y el pesimismo en un año ya marcado por divisiones extremas sobre la guerra, la raza y el rumbo del país.
El mayo francés de 1968 representó la mayor crisis social y política de la Quinta República francesa y uno de los episodios más emblemáticos de la agitación global de ese año. Lo que comenzó como manifestaciones estudiantiles en la Universidad de Nanterre contra la rigidez del sistema educativo y las restricciones a la libertad sexual en los dormitorios universitarios, se expandió a la Sorbona y derivó en enfrentamientos con la policía que generaron más de 400 heridos el 6 de mayo, la "Noche de las barricadas". La brutalidad policial provocó una oleada de solidaridad con los estudiantes que culminó, para sorpresa de muchos observadores, en una huelga general que paralizó Francia con más de 10 millones de trabajadores. Durante semanas, el país quedó prácticamente paralizado: las fábricas fueron ocupadas, los transportes se detuvieron, escaseaban alimentos y combustible. Las protestas combinaban demandas materiales (mejores salarios y condiciones laborales) con aspiraciones más profundas y difusas de transformación social, expresadas en los famosos graffitis poéticos que cubrieron París: "Prohibido prohibir", "La imaginación al poder", "Sean realistas, pidan lo imposible". El presidente Charles de Gaulle, inicialmente desconcertado, voló secretamente a Alemania el 29 de mayo para asegurarse el apoyo del ejército, regresando al día siguiente para anunciar la disolución de la Asamblea Nacional y convocar elecciones. Esta decisión, junto con las concesiones salariales negociadas por el gobierno (aumentos del 35%) y la progresiva desmovilización de trabajadores, permitió recuperar el control de la situación. Las elecciones de junio dieron una aplastante victoria a los gaullistas, demostrando que la mayoría silenciosa francesa no respaldaba una revolución. Aunque el régimen sobrevivió y las estructuras fundamentales permanecieron intactas, el Mayo del 68 transformó profundamente la sociedad francesa, liberalizando costumbres, modernizando la universidad y remodelando relaciones familiares y laborales. Su impacto cultural, con su crítica a la autoridad tradicional y su defensa de la libertad individual, fue quizás más duradero que sus efectos políticos inmediatos, estableciendo un modelo de protesta estudiantil y un lenguaje de contestación que influiría en movimientos sociales posteriores en todo el mundo, desde el feminismo hasta el ecologismo.
El 20 de agosto de 1968, una vez más un acontecimiento deportivo trascendería el terreno de juego para convertirse en símbolo de las tensiones geopolíticas de la Guerra Fría. En el marco de los Juegos Olímpicos de México, la selección soviética de baloncesto se enfrentó al equipo español en un partido preliminar cargado de significado político, especialmente para España, gobernada por el general Francisco Franco, quien había llegado al poder con apoyo nazi-fascista y mantenía un férreo anticomunismo. El partido, que se disputó en un ambiente de alta tensión, terminó con victoria española por 63-62 en un final vibrante. Sin embargo, el verdadero drama llegaría después, cuando los árbitros añadieron tres segundos adicionales al partido tras protestas soviéticas por un supuesto fallo en el cronómetro. Esta polémica decisión permitió a la URSS anotar la canasta ganadora en el último segundo, desatando la furia del equipo español, que abandonó la pista en señal de protesta. El partido tuvo que reanudarse al día siguiente sin la participación española, con los soviéticos tirando un saque a canasta vacía para un marcador final oficial de 2-0. Este incidente, conocido como "La canasta robada de México 68", se convirtió en España en símbolo del supuesto favoritismo hacia el bloque soviético en competiciones internacionales y alimentó el discurso anticomunista del régimen franquista, que presentó el episodio como prueba del "arbitraje político" en favor de la URSS. Más allá de la anécdota deportiva, el incidente ilustraba cómo los Juegos Olímpicos de la era de la Guerra Fría se habían convertido en campo de batalla simbólico donde las superpotencias y sus aliados competían por prestigio internacional, con cada victoria o derrota cargada de significado ideológico que trascendía lo meramente deportivo. Estos Juegos de México, marcados además por la masacre de estudiantes en Tlatelolco diez días antes de la ceremonia inaugural y por el icónico gesto del "Black Power" de los atletas afroamericanos Tommie Smith y John Carlos, ejemplificaron la imposibilidad de separar completamente el deporte de la política en un mundo profundamente dividido.
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