1945: El fin de la guerra y el inicio de la era atómica
El verano de 1945 presenció el episodio más controvertido de la Segunda Guerra Mundial y el inicio de una nueva era en la historia de la humanidad. El 6 y 9 de agosto, Estados Unidos lanzó las primeras bombas atómicas de la historia sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, respectivamente. Estas devastadoras armas, desarrolladas en secreto por el Proyecto Manhattan bajo la dirección científica de J. Robert Oppenheimer, causaron aproximadamente 200,000 muertes inmediatas y dejaron secuelas radiactivas que afectarían a los sobrevivientes durante décadas. La decisión de emplear armas nucleares, tomada por el presidente Harry S. Truman que había asumido el cargo tras la muerte de Roosevelt en abril, buscaba forzar la rendición japonesa sin necesidad de una invasión terrestre que, según las estimaciones americanas, podría costar cientos de miles de bajas aliadas. Japón anunció su rendición el 15 de agosto, poniendo fin a la Segunda Guerra Mundial, pero el uso de la bomba atómica ha generado un intenso debate ético y político que continúa hasta nuestros días.
Con el regreso gradual a la normalidad tras la guerra, el deporte retomó protagonismo en la vida social americana. El 14 de octubre de 1945, la NFL (National Football League) reanudó sus actividades con normalidad tras varios años de restricciones debido al conflicto bélico. Durante la guerra, la liga había continuado operando, pero con plantillas reducidas, fusiones temporales entre equipos y otros ajustes forzados por el reclutamiento militar de muchos jugadores. Los Cleveland Rams, liderados por el quarterback Bob Waterfield, ganaron el campeonato de ese año, derrotando a los Washington Redskins, pero paradójicamente se trasladarían a Los Ángeles al año siguiente, convirtiéndose en el primer equipo de la NFL en la costa oeste. Este retorno del fútbol americano a su pleno funcionamiento simbolizó la vuelta a la normalidad de la sociedad estadounidense tras los sacrificios de la guerra y anticipó el auge del deporte profesional que caracterizaría la prosperidad de la posguerra.
El panorama editorial se transformaba y democratizaba en la inmediata posguerra. El 25 de mayo de 1945, Allen Lane estableció la editorial Penguin Books con una misión revolucionaria: hacer accesible la literatura de calidad al público general mediante libros de bolsillo asequibles. Con su distintivo diseño de cubiertas por colores según el género (naranja para ficción, azul para biografías, verde para crimen, etc.), Penguin transformó radicalmente el mercado editorial anglosajón, tradicionalmente dominado por libros caros en tapa dura dirigidos a las clases acomodadas. Inspirado en iniciativas similares como la alemana Albatross Books, Lane apostó por grandes tiradas de clásicos y obras contemporáneas de calidad a precios populares, creando así nuevos públicos lectores entre la clase trabajadora y media. Esta democratización de la cultura escrita contribuiría significativamente a la educación masiva y la movilidad social que caracterizarían los "treinta gloriosos" años de posguerra.
La comunidad internacional, determinada a evitar una nueva guerra mundial, estableció las bases para un nuevo orden global. El 24 de octubre de 1945, representantes de 51 países firmaron en San Francisco la Carta de las Naciones Unidas, creando una organización internacional para fomentar la cooperación, prevenir conflictos y promover los derechos humanos tras los horrores de la Segunda Guerra Mundial. La ONU, con sede principal en Nueva York, sustituía a la ineficaz Sociedad de Naciones y se estructuraba en torno a seis órganos principales, incluyendo la Asamblea General, el Consejo de Seguridad (donde cinco potencias tendrían derecho de veto) y la Corte Internacional de Justicia. Este ambicioso proyecto de gobernanza global reflejaba el idealismo de posguerra, particularmente del presidente Roosevelt quien no vivió para ver su creación, pero también incorporaba lecciones pragmáticas sobre las limitaciones del internacionalismo en un mundo de estados soberanos. Aunque la inminente Guerra Fría limitaría su eficacia en muchos aspectos, la ONU se convertiría en el foro diplomático global por excelencia y marco para el desarrollo progresivo del derecho internacional.