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2012: Entre ciencia revolucionaria y polarización política

2012 quedó marcado por avances científicos trascendentales y una creciente división sociopolítica que anticiparía tendencias globales. El 6 de noviembre, Barack Obama logró su reelección como presidente de Estados Unidos al derrotar al republicano Mitt Romney con 332 votos electorales frente a 206, asegurando un segundo mandato que consolidaría su legado político. Esta victoria, apoyada por una coalición de minorías étnicas, mujeres y jóvenes votantes, reafirmó el cambio demográfico en el electorado estadounidense hacia un perfil más diverso y progresista. Obama se convirtió en el primer presidente desde Ronald Reagan en obtener más del 50% del voto popular en dos elecciones consecutivas, un logro notable considerando el contexto de recuperación económica lenta tras la Gran Recesión. Sin embargo, la persistente obstrucción republicana en el Congreso, especialmente en la Cámara de Representantes controlada por el Tea Party, limitaría significativamente la capacidad de Obama para implementar su agenda en áreas como educación, inmigración y cambio climático durante su segundo mandato. Esta polarización institucional reflejaba divisiones más profundas en la sociedad estadounidense, con un electorado cada vez más segregado geográfica e ideológicamente, sentando las bases para la extrema polarización que caracterizaría la política americana en los años siguientes.

El deporte vivió un verano extraordinario entre el 27 de julio y el 12 de agosto con los Juegos Olímpicos de Londres, tercera vez que la capital británica acogía este evento (un récord) tras las ediciones de 1908 y 1948\. Destacaron por su excelente organización, espectaculares ceremonias dirigidas por el cineasta Danny Boyle (que combinaron historia británica, cultura pop y humor autorreferencial) y la inclusión del mayor número de atletas femeninas de la historia (casi el 45% del total), marcando un avance significativo hacia la paridad de género en el deporte olímpico. El velocista jamaicano Usain Bolt revalidó sus títulos de 100m, 200m y 4x100m, consolidándose como el mayor velocista de la historia, mientras que el nadador estadounidense Michael Phelps se retiraba (aunque temporalmente) como el atleta olímpico más condecorado de todos los tiempos con 22 medallas, incluyendo 18 de oro. El anfitrión Reino Unido logró su mejor actuación desde 1908 con 65 medallas (29 de oro), un éxito que generó escenas de júbilo nacional en un año que incluía también el Jubileo de Diamante de Isabel II, celebrando 60 años de reinado. Estos Juegos, desarrollados apenas siete años después de los atentados terroristas de 2005, simbolizaron la capacidad de resiliencia de Londres y su consolidación como una de las ciudades más multiculturales y dinámicas del mundo.

El ámbito cultural experimentó un curioso fenómeno el 21 de diciembre con la supuesta llegada del "fin del mundo maya". Según algunas interpretaciones del calendario maya, esta fecha marcaría el fin de un ciclo cósmico de 5,126 años y potencialmente el fin del mundo como lo conocemos. Aunque los académicos y los propios descendientes mayas rechazaban categóricamente esta interpretación apocalíptica, explicando que simplemente marcaba el fin de un ciclo (baktun) y el inicio de otro, el fenómeno generó una amplia atención mediática global, inspiró la película catastrofista "2012" (2009) de Roland Emmerich y provocó reacciones que iban desde el pánico en algunas comunidades hasta celebraciones del "nuevo despertar" espiritual en sitios como Chichén Itzá. Este episodio ilustró la persistente fascinación humana con las profecías apocalípticas, la tendencia a malinterpretar tradiciones culturales ajenas y la capacidad de internet para amplificar teorías sin base científica. También demostró cómo el conocimiento ancestral indígena puede ser descontextualizado y comercializado en la cultura global contemporánea, generando narrativas que tienen poco que ver con su significado original en las comunidades que las crearon.

Estados Unidos vivió una de sus tragedias más devastadoras el 14 de diciembre cuando un joven de 20 años, Adam Lanza, asesinó a 20 niños de primaria (de seis y siete años) y a seis adultos en la escuela elemental Sandy Hook de Newtown, Connecticut, tras haber matado a su madre en casa. Este masacre, una de las más mortíferas en el ámbito escolar de la historia estadounidense, reabrió intensamente el debate sobre el control de armas en el país. La imagen del presidente Obama visiblemente emocionado al dirigirse a la nación contrastó con la posterior inacción legislativa. A pesar de la conmoción nacional y los esfuerzos presidenciales por implementar reformas en la legislación sobre armas de fuego, la influencia de la Asociación Nacional del Rifle (NRA) sobre el Congreso bloqueó cambios significativos, evidenciando la compleja relación entre política, cultura y violencia armada en la sociedad estadounidense. Sandy Hook representó un punto de inflexión en la conciencia pública sobre la violencia con armas, inspirando un movimiento de padres activistas y estudiantes que posteriormente ganaría fuerza con tragedias como la de Parkland en 2018, cuestionando el equilibrio entre el derecho constitucional a portar armas y la seguridad pública, especialmente en entornos educativos.

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