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1979: La Revolución Islámica y la crisis nuclear transforman la geopolítica global

El 1 de febrero de 1979, un avión procedente de París aterrizó en el aeropuerto de Teherán transportando a un pasajero que transformaría radicalmente Oriente Medio y las relaciones internacionales durante las décadas siguientes. El ayatolá Ruhollah Jomeini, líder religioso chií de 76 años que había pasado 14 años en el exilio, regresaba triunfalmente a Irán tras la huida del Shah Mohammad Reza Pahlavi dos semanas antes. Recibido por millones de iraníes extasiados, Jomeini encabezaba un movimiento revolucionario heterogéneo que unía a islamistas, liberales, nacionalistas de izquierda y comunistas en oposición a la monarquía autocrática del Shah, sostenida durante décadas por potencias occidentales. Tras su regreso, los acontecimientos se precipitaron: el 11 de febrero, el ejército se declaró neutral, colapsando el gobierno interino de Shapour Bakhtiar, y el 1 de abril, tras un referéndum, Jomeini proclamó oficialmente la República Islámica, un sistema de gobierno inédito que combinaba elementos de teocracia chií con instituciones representativas subordinadas a la autoridad suprema del clero. Esta revolución, que derrocó una monarquía aparentemente estable, modernizadora pero represiva, y aliada clave de Occidente, sorprendió a analistas internacionales y transformó el balance de poder regional. El nuevo régimen islamista rompió abruptamente la alianza con Estados Unidos, adoptó una retórica antioccidental y antiisraelí, y se presentó como modelo alternativo a los sistemas políticos laicos, ya fueran capitalistas o comunistas. La crisis de los rehenes que comenzó en noviembre, cuando estudiantes islamistas tomaron la embajada estadounidense reteniendo a 52 diplomáticos durante 444 días, profundizó la ruptura con Occidente, humilló a la administración Carter, y contribuyó a la derrota electoral del presidente estadounidense. La revolución iraní, primera en la era moderna en establecer un estado explícitamente teocrático, desafió los paradigmas de la Guerra Fría al presentar una tercera vía basada en el islam político, inspirando movimientos similares en otros países musulmanes. Para la sociedad iraní, significó una islamización forzada que revirtió muchos avances en derechos de las mujeres, impuso códigos de vestimenta y comportamiento basados en la sharia, y persiguió a minorías étnicas, religiosas y políticas, generando una masiva diáspora de refugiados e intelectuales. Externamente, la revolución alteró el ajedrez geopolítico regional, provocando la guerra Irán-Irak (1980-1988), profundizando la rivalidad sectaria entre sunitas y chiítas, y estableciendo un eje de resistencia contra Israel y Estados Unidos que continúa siendo central en la geopolítica de Oriente Medio hasta nuestros días.

El 20 de octubre de 1979, un error en la línea de salida del Gran Premio de Canadá de Fórmula 1 se convirtió en símbolo de un nuevo capítulo en la rivalidad deportiva más intensa de la época. Alan Jones, piloto australiano del equipo Williams, adelantó a Gilles Villeneuve, ídolo local que corría para Ferrari, mientras el semáforo aún estaba en rojo, generando una controversia que dividió al mundo del motor. Los comisarios de carrera decidieron no penalizar a Jones, quien mantuvo su posición y eventualmente ganó la carrera, mientras Villeneuve, tras una remontada espectacular, terminó quinto. Este incidente aparentemente menor condensaba tensiones más amplias: la emergencia de Williams como potencia que desafiaba el dominio histórico de escuderías tradicionales como Ferrari, la competencia entre el estilo técnico, calculador, de Jones frente al pilotaje visceral, espectacular, de Villeneuve, y las persistentes acusaciones de favoritismo en la aplicación de reglamentos, con equipos británicos supuestamente beneficiados sobre los italianos. La actuación de Villeneuve, quien a pesar de la controversia inicial mostró un pilotaje al límite que electrizó a sus compatriotas, consolidó su estatus de héroe nacional canadiense y figura de culto del automovilismo. El joven piloto de Quebec, conocido por su estilo agresivo y espectacular, representaba una nueva generación que priorizaba el espectáculo y la emoción sobre el cálculo técnico que había dominado la década anterior. Las imágenes de su Ferrari rojo luchando contra las condiciones mixtas de lluvia y seco en el circuito Île Notre-Dame (posteriormente rebautizado Circuito Gilles Villeneuve tras su trágica muerte en 1982\) se convertirían en icónicas del periodo. Esta carrera formaba parte de una temporada transicional, donde equipos tradicionales enfrentaban el desafío de escuderías emergentes que aprovechaban innovaciones como el "efecto suelo" para mejorar la aerodinámica. El automovilismo, crecientemente televisado y comercializado, estaba pasando de deporte nicho a fenómeno global, con pilotos como Villeneuve transformándose en celebridades que trascendían los círculos deportivos. Esta profesionalización y globalización se aceleraría en las décadas siguientes, convirtiendo la Fórmula 1 en uno de los espectáculos deportivos más lucrativos y tecnológicamente avanzados del mundo, proceso en el que la mítica rivalidad entre figuras como Jones y Villeneuve jugaría un papel fundamental al humanizar un deporte cada vez más dominado por aspectos técnicos y comerciales.

La literatura hispanoamericana vivió un momento cumbre el 8 de junio de 1979 con la publicación en Buenos Aires de "Cien años de soledad" de Gabriel García Márquez. Esta novela, que narra la historia de la familia Buendía a través de siete generaciones en el mítico pueblo de Macondo, representa la culminación del "boom latinoamericano" y del realismo mágico como corriente literaria distintiva del continente. García Márquez, periodista y escritor colombiano que había publicado anteriormente obras como "La hojarasca" y "El coronel no tiene quien le escriba", trabajó durante 18 meses en esta ambiciosa saga familiar que fusiona elementos realistas y fantásticos, historia y mito, en una narrativa circular donde lo extraordinario se presenta con naturalidad cotidiana. La novela explora temas universales como la soledad, el paso del tiempo, el destino familiar y los ciclos históricos, mientras retrata la evolución de América Latina desde sociedades rurales aisladas hasta su traumática incorporación a la modernidad capitalista y las dinámicas neocoloniales. El libro, publicado inicialmente por la Editorial Sudamericana con una primera edición de 8,000 ejemplares que se agotó en una semana, se convertiría en un fenómeno editorial sin precedentes en la literatura en español: traducido a más de 40 idiomas, con ventas que superan los 50 millones de ejemplares, y considerado por muchos críticos entre las obras cumbre de la literatura universal. Su éxito abrumador contribuyó decisivamente a proyectar internacionalmente a otros autores latinoamericanos como Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa o José Donoso, consolidando el "boom" como movimiento literario de relevancia global. García Márquez, quien sería galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1982 "por sus novelas e historias cortas, en las que lo fantástico y lo real son combinados en un tranquilo mundo de imaginación rica, reflejando la vida y los conflictos de un continente", estableció con esta obra un paradigma narrativo que influiría en generaciones posteriores de escritores no solo hispanoamericanos sino globales. "Cien años de soledad" ejemplifica cómo una obra profundamente arraigada en realidades locales (la Colombia caribeña, las guerras civiles del siglo XIX, las compañías bananeras norteamericanas) puede alcanzar resonancia universal al explorar la condición humana a través de una imaginación desbordante y un lenguaje de extraordinaria riqueza.

El 28 de marzo de 1979, la industria nuclear estadounidense y la concepción pública de la energía atómica experimentaron un punto de inflexión cuando la Unidad 2 de la central nuclear de Three Mile Island, cerca de Harrisburg, Pennsylvania, sufrió una fusión parcial del núcleo. Una combinación de fallos técnicos, errores humanos y deficiencias en el diseño de los sistemas de control provocó la pérdida de refrigerante del reactor, causando que aproximadamente el 50% del núcleo se fundiera. Aunque el edificio de contención funcionó según lo previsto, impidiendo una liberación catastrófica de radiación (se estima que la exposición máxima para residentes cercanos fue equivalente a una radiografía), el incidente desató el pánico entre la población. El gobernador Dick Thornburgh recomendó la evacuación de mujeres embarazadas y niños pequeños en un radio de cinco millas, pero aproximadamente 140,000 personas abandonaron voluntariamente el área por temor a una catástrofe. La confusión se vio agravada por comunicaciones contradictorias entre la compañía operadora Metropolitan Edison, la Comisión Reguladora Nuclear y funcionarios estatales, así como por la coincidencia con el estreno días antes de la película "El síndrome de China", thriller que justamente trataba sobre un accidente nuclear encubierto. Este desastre, el más serio en la historia de la energía nuclear civil estadounidense hasta entonces, transformó radicalmente la percepción pública y las políticas sobre energía nuclear. Aunque nadie murió ni resultó gravemente herido, el impacto psicológico y político fue devastador: la industria nuclear, que hasta entonces promovía la energía atómica como solución limpia, segura y económica para las necesidades energéticas crecientes, enfrentó un rechazo social sin precedentes. En los años siguientes, más de 120 pedidos de nuevas centrales fueron cancelados, no se autorizó la construcción de ninguna nueva planta durante más de 30 años, y los costos se dispararon debido a requisitos regulatorios más estrictos, haciendo económicamente inviable la expansión nuclear. Three Mile Island alimentó el creciente movimiento antinuclear, transformando una tecnología inicialmente percibida como símbolo de progreso en objeto de temor público, y contribuyó a reorientar las políticas energéticas hacia fuentes alternativas. Este accidente, junto al posterior y mucho más grave desastre de Chernóbil en 1986, definiría la ambivalente relación de las sociedades contemporáneas con la energía nuclear, donde los beneficios de una generación eléctrica sin emisiones de carbono deben sopesarse contra los riesgos percibidos y reales de la tecnología.

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