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1972: Tensiones globales y avances en igualdad de género

Entre el 21 y el 28 de febrero de 1972, el presidente estadounidense Richard Nixon realizó un viaje diplomático sin precedentes a la República Popular China, poniendo fin a 25 años de aislamiento y hostilidad entre ambas naciones. Esta visita, preparada secretamente durante meses por el asesor de seguridad nacional Henry Kissinger (quien había realizado un viaje encubierto a Pekín en 1971), representó uno de los giros geopolíticos más significativos de la Guerra Fría. Nixon, político con impecables credenciales anticomunistas y por tanto inmune a acusaciones de ser "blando" con China, fue recibido por el primer ministro Zhou Enlai (el mismo que había sido desairado por el secretario de Estado John Foster Dulles al negarse a estrecharle la mano en Ginebra en 1954\) y mantuvo una hora de conversación con el presidente Mao Zedong, ya enfermo pero aún en control del país. La visita, seguida por cientos de millones de televidentes en todo el mundo, incluyó eventos mediáticos como la asistencia de Nixon a una representación de la ópera revolucionaria "La muchacha de los cabellos blancos" y su visita a la Gran Muralla, donde pronunció la frase: "Esta es verdaderamente una gran muralla". Más allá de la espectacularidad televisiva, la visita produjo el "Comunicado de Shanghai", documento que reconocía a Taiwán como parte de China aunque mantenía deliberadamente ambigüedad sobre su estatus futuro, y sentó las bases para la normalización completa de relaciones diplomáticas que se produciría en 1979\. Este acercamiento, motivado por intereses estratégicos mutuos (principalmente el contrapeso a la Unión Soviética, con quien tanto EEUU como China mantenían tensas relaciones), transformó radicalmente el equilibrio triangular de la Guerra Fría, aliviando la presión sobre Estados Unidos en Vietnam y permitiendo a China salir de su aislamiento internacional y comenzar su apertura económica. La visita de Nixon, irónicamente apodada en política estadounidense como "solo Nixon podía ir a China" para describir situaciones donde un político puede tomar medidas que serían inaceptables si las propusiera un oponente, estableció el patrón de pragmatismo que caracterizaría posteriormente la política exterior americana y china, demostrando cómo las consideraciones de realpolitik podían prevalecer sobre diferencias ideológicas aparentemente irreconciliables.

Del 26 de agosto al 11 de septiembre de 1972, Múnich acogió los Juegos Olímpicos, presentados como los "Juegos de la Alegría y la Paz" en un intento de borrar el recuerdo de las Olimpiadas de Berlín 1936 y simbolizar la rehabilitación de Alemania Occidental como democracia pacífica. Sin embargo, esta aspiración se vio trágicamente frustrada el 5 de septiembre cuando ocho terroristas de la organización palestina Septiembre Negro irrumpieron en la Villa Olímpica, asesinaron a dos miembros del equipo israelí y tomaron como rehenes a otros nueve. Su demanda era la liberación de 234 prisioneros palestinos en Israel y de los terroristas alemanes Andreas Baader y Ulrike Meinhof. Tras 18 horas de tensa negociación televisada en directo a nivel mundial, se acordó el traslado de terroristas y rehenes al aeropuerto militar de Fürstenfeldbruck, donde las autoridades alemanas intentaron una operación de rescate improvisada que resultó en un desastre: todos los rehenes, cinco terroristas y un policía murieron en el tiroteo. Tras suspender los juegos durante 34 horas, el presidente del Comité Olímpico Internacional Avery Brundage decidió continuarlos con la controvertida frase "The Games must go on" (Los Juegos deben continuar). En lo deportivo, la gimnasta soviética Olga Korbut cautivó al mundo con su carisma y acrobacias innovadoras, el nadador americano Mark Spitz ganó siete medallas de oro estableciendo récord mundial en cada prueba (hazaña solo superada por Michael Phelps en 2008), y la atleta australiana Shane Gould, con solo 15 años, consiguió tres oros, una plata y un bronce en natación. Sin embargo, la masacre de Múnich, como sería conocida, eclipsó estos logros deportivos y marcó un punto de inflexión tanto para el movimiento olímpico como para el conflicto palestino-israelí. Los juegos, que habían abandonado su inocencia política, implementarían medidas de seguridad drásticamente reforzadas en ediciones posteriores, mientras Israel respondería con la Operación Cólera de Dios, una campaña de asesinatos selectivos contra los responsables del atentado que duraría años. Este episodio dolorosamente ejemplificó cómo ni siquiera el idealismo olímpico podía aislarse de los conflictos políticos de la época, y cómo el terrorismo estaba emergiendo como táctica global que utilizaba la atención mediática como multiplicador de su impacto.

El panorama de la igualdad de género en Estados Unidos experimentó un avance histórico el 23 de junio de 1972, cuando el presidente Nixon firmó el Título IX de las Enmiendas de Educación, legislación que prohibía la discriminación por sexo en programas educativos que recibieran financiación federal. Aunque su texto era relativamente breve ("Ninguna persona en los Estados Unidos será, en base a su sexo, excluida de participar en, negada los beneficios de, o sujeta a discriminación bajo cualquier programa educativo o actividad que reciba asistencia financiera federal"), su impacto sería revolucionario, especialmente en el ámbito deportivo. Antes del Título IX, el deporte femenino universitario era marginal: solo el 15% de estudiantes atletas eran mujeres, que recibían menos del 2% de los presupuestos deportivos, y apenas existían becas para deportistas femeninas. La ley, impulsada por la congresista demócrata Patsy Mink (quien había sufrido discriminación de género en su intento de acceder a la facultad de medicina) y la senadora republicana Birch Bayh, obligó a las universidades a ofrecer oportunidades deportivas equivalentes para ambos sexos, transformando el panorama deportivo femenino. En los 50 años siguientes, la participación femenina en deportes universitarios se multiplicaría por seis, llegando a más de 200,000 atletas, y generaciones de niñas crecerían con referentes deportivos femeninos y oportunidades inimaginables para sus madres y abuelas. Aunque el enfoque mediático ha estado en su impacto deportivo, el Título IX protege contra todas las formas de discriminación sexual en educación, desde el acceso a programas académicos hasta el acoso sexual, y se ha convertido en herramienta fundamental para combatir la violencia sexual en campus universitarios. Los efectos de esta legislación trascendieron lo educativo, contribuyendo a cambios sociales más amplios como la normalización de la participación femenina en ámbitos anteriormente dominados por hombres y el empoderamiento físico y psicológico de las mujeres a través del deporte. Considerado uno de los logros legislativos más importantes del movimiento feminista, el Título IX demuestra cómo una ley relativamente simple puede catalizar transformaciones culturales profundas cuando aborda desigualdades estructurales.

El cine experimentó una revolución con el estreno el 15 de marzo de 1972 de "El Padrino", dirigida por Francis Ford Coppola y basada en la novela homónima de Mario Puzo. Esta saga sobre la familia mafiosa Corleone, protagonizada por Marlon Brando como el patriarca Vito y Al Pacino como su hijo Michael, transformaría la representación del crimen organizado en la cultura popular y establecería nuevos estándares para el cine americano. Paradójicamente, la película que se convertiría en referente definitivo del cine de Hollywood nació en circunstancias precarias: Coppola, entonces un joven director de 32 años asociado al Nuevo Hollywood, fue contratado por Paramount como opción económica tras el rechazo de directores consagrados. El estudio interfirió constantemente, oponiéndose inicialmente al casting de Brando y Pacino, criticando el tono oscuro de la fotografía de Gordon Willis, y presionando por una película más corta. Sin embargo, el resultado final, con su rica textura visual inspirada en pintores como Rembrandt y Caravaggio, su compleja exploración moral de temas como familia, honor, corrupción y el sueño americano, y sus interpretaciones magistrales (Brando ganaría el Oscar aunque lo rechazaría en protesta por el tratamiento de los nativos americanos en Hollywood), revolucionaría el género de gánsteres, tradicionalmente relegado a la Serie B. "El Padrino" se convirtió en un fenómeno cultural y comercial, recaudando 245 millones de dólares (sobre un presupuesto de 6 millones) y ganando tres premios Oscar, incluido Mejor Película. Su impacto en la cultura popular fue inmediato y duradero: frases como "Le haré una oferta que no podrá rechazar", la música de Nino Rota, y escenas como la cabeza de caballo en la cama o el asesinato intercalado con el bautizo se convirtieron en referencias culturales universales. La película no solo revitalizó la carrera de Brando y lanzó al estrellato a Pacino, James Caan, Robert Duvall y Diane Keaton, sino que también consolidó el poder de los directores en Hollywood y legitimó culturalmente un género anteriormente considerado menor. Su secuela, "El Padrino: Parte II" (1974), igualmente aclamada, completaría junto con la primera entrega lo que muchos consideran la mejor saga cinematográfica de todos los tiempos.

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