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1962: La crisis de los misiles cubanos lleva al mundo al borde de la guerra nuclear

Entre el 16 y el 28 de octubre de 1962, el mundo contuvo la respiración ante la posibilidad real de una guerra nuclear total. La crisis de los misiles de Cuba, desencadenada por el descubrimiento mediante aviones espía U-2 de instalaciones soviéticas para misiles nucleares de alcance medio e intermedio en la isla caribeña, representó el momento de mayor tensión de toda la Guerra Fría. El presidente John F. Kennedy, tras debatir opciones con su círculo de asesores y rechazar un ataque aéreo inmediato que podría haber desencadenado una respuesta nuclear, optó por imponer un "bloqueo naval" (denominado oficialmente "cuarentena" para evitar implicaciones legales de guerra) alrededor de Cuba para impedir la llegada de más equipamiento militar soviético. En un dramático discurso televisado el 22 de octubre, Kennedy informó a la nación y al mundo de la crisis, advirtiendo que cualquier ataque nuclear desde Cuba sería interpretado como un ataque de la Unión Soviética y respondido con todo el arsenal nuclear estadounidense. Durante varios días, buques soviéticos avanzaron hacia la línea de bloqueo mientras submarinos equipados con torpedos nucleares se posicionaban en aguas caribeñas. En un momento particularmente tenso, un submarino soviético B-59, sometido a cargas de profundidad por destructores estadounidenses y sin comunicación con Moscú, estuvo a punto de lanzar un torpedo nuclear, evitándolo solo por la negativa del oficial Vasili Arkhipov a autorizar el disparo. Finalmente, tras intensas negociaciones diplomáticas públicas y secretas, el líder soviético Nikita Jrushchov aceptó retirar los misiles a cambio del compromiso estadounidense de no invadir Cuba y retirar misiles similares de Turquía (compromiso que se mantuvo en secreto durante años). Esta resolución, que ambos líderes pudieron presentar como un éxito ante sus respectivas audiencias, evitó una catástrofe nuclear que podría haber causado cientos de millones de muertos. La crisis llevó al establecimiento del "teléfono rojo" entre Washington y Moscú para comunicación directa en situaciones de emergencia, y marcó el inicio de una fase más cautelosa de la Guerra Fría, con mayor énfasis en la disuasión estable y la distensión.

El 17 de junio de 1962, en el Estadio Nacional de Santiago de Chile, la selección brasileña se consagró bicampeona mundial de fútbol al vencer a Checoslovaquia por 3-1 en la final. Esta victoria, lograda remontando un gol inicial checo, consolidó el dominio brasileño en el fútbol mundial y su estilo de juego ofensivo y técnico como referente global. A diferencia del Mundial de 1958, Brasil tuvo que afrontar esta final sin su máxima estrella, Pelé, lesionado en un partido anterior contra Checoslovaquia. En su ausencia, Garrincha, el extremo derecho apodado "La alegría del pueblo" por su juego imprevisible y espectacular, se convirtió en la figura del torneo, llevando a Brasil hasta el título junto a jugadores como Vavá, Didi y Amarildo. El campeonato se celebró en Chile a pesar del devastador terremoto de 1960 (el más potente registrado en la historia), que destruyó gran parte de la infraestructura del país. Esta determinación de los chilenos por mantener la sede, reconstruyendo estadios y hoteles en tiempo récord, convirtió el torneo en símbolo de resiliencia nacional, aunque su organización tuvo que enfrentar dificultades logísticas considerables. En lo deportivo, el torneo vio la emergencia de innovaciones tácticas como el sistema 4-2-4 brasileño, la consolidación de figuras legendarias como Lev Yashin (el "araña negra" soviético, considerado el mejor portero de la historia) y la controvertida eliminación de la anfitriona Chile a Italia en el "Partido de la Batalla de Santiago", un encuentro extraordinariamente violento que evidenció las tensiones políticas entre ambos países.

El cine clásico de Hollywood alcanzó una de sus cumbres con el estreno el 14 de enero de 1962 de "Lawrence de Arabia", monumental epopeya dirigida por David Lean sobre la figura del oficial británico T.E. Lawrence durante la Primera Guerra Mundial. Con casi cuatro horas de duración, esta producción de 15 millones de dólares (un presupuesto astronómico para la época) narraba la participación de Lawrence en la rebelión árabe contra el Imperio Otomano, su compleja relación con la cultura beduina y sus conflictos con la burocracia militar británica y sus propios demonios internos. La película, protagonizada por el entonces desconocido Peter O'Toole en el papel titular, junto a un reparto internacional que incluía a Omar Sharif, Alec Guinness, Anthony Quinn y Claude Rains, se rodó principalmente en Jordania, Marruecos y España bajo condiciones extremadamente difíciles. El resultado fue una obra maestra visual que explotaba al máximo las posibilidades del formato Super Panavision 70mm, con la cinematografía de Freddie Young capturando la inmensidad del desierto en composiciones que se han convertido en definitorias del lenguaje cinematográfico. La famosa transición de un fósforo apagándose al sol del amanecer en el desierto, la entrada de Sharif emergiendo como un espejismo en el horizonte, o la toma aérea del ataque a Aqaba son secuencias que han influido a generaciones de cineastas. La película, ganadora de siete premios Óscar incluyendo Mejor Película y Director, combinaba espectáculo épico con profundidad psicológica, explorando temas como el colonialismo, la identidad cultural, la ambigüedad moral y el precio de la gloria. Considerada por muchos críticos entre las mejores películas jamás realizadas, "Lawrence de Arabia" representa el apogeo del cine épico clásico antes de la transformación de Hollywood por la contracultura y las innovaciones estilísticas de los años 60 y 70\.

La Segunda Guerra Mundial proyectó una larga sombra sobre la sociedad israelí cuando el 11 de abril de 1962 comenzó en Jerusalén el juicio contra Adolf Eichmann, uno de los principales organizadores del Holocausto. Eichmann, responsable de la logística del transporte de judíos a los campos de exterminio y participante en la Conferencia de Wannsee donde se coordinó la "Solución Final", había escapado a Argentina tras la guerra donde vivió bajo identidad falsa hasta que agentes del Mossad lo secuestraron en 1960 en una controvertida operación. El juicio, que duró cuatro meses y fue televisado internacionalmente, presentó el testimonio de más de 100 supervivientes del Holocausto y documentación exhaustiva sobre la maquinaria de exterminio nazi. A diferencia de los juicios de Núremberg, centrados en los principales líderes nazis juzgados por los aliados, este proceso fue conducido por Israel y se enfocó específicamente en los crímenes contra el pueblo judío, dando voz a los sobrevivientes. Eichmann, protegido en una cabina de vidrio antibalas, se presentó como un simple burócrata que "cumplía órdenes", una defensa que inspiró a la filósofa Hannah Arendt (quien cubrió el juicio para The New Yorker) a acuñar su famoso concepto de "la banalidad del mal". El tribunal rechazó esta defensa, considerando a Eichmann plenamente consciente y entusiasta con su papel en el genocidio, condenándolo a muerte. Su ejecución mediante ahorca el 31 de mayo de 1962 (la única pena capital civil en la historia de Israel) constituyó un momento catártico para muchos supervivientes. El juicio tuvo un profundo impacto en la conciencia pública global sobre el Holocausto, contribuyendo a romper décadas de relativo silencio sobre el tema, y reforzó la identidad de Israel como garante último de la seguridad judía tras siglos de persecuciones.

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