1958: Transformaciones políticas y culturales en un mundo polarizado
El 1 de enero de 1958, el proyecto europeo iniciado con los Tratados de Roma dio su primer paso concreto con la entrada en funcionamiento de la Comunidad Económica Europea. Los seis países fundadores (Francia, Alemania Occidental, Italia, Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo) pusieron en marcha oficialmente el mercado común europeo, iniciando la eliminación gradual de aranceles entre ellos y estableciendo una tarifa exterior común. Walter Hallstein, jurista alemán, asumió la presidencia de la Comisión Europea, el órgano ejecutivo de la nueva entidad con sede en Bruselas. Esta nueva organización internacional, que contaba inicialmente con un presupuesto modesto y competencias limitadas principalmente al ámbito económico, representó el primer paso concreto hacia la integración europea que culminaría décadas después con la Unión Europea. El proyecto, a pesar de sus limitaciones iniciales y del escepticismo de algunos observadores, transformaría radicalmente el continente, contribuyendo a su reconstrucción económica, a la superación de historias nacionales conflictivas y, eventualmente, a la creación de un espacio de prosperidad, movilidad y cooperación sin precedentes históricos. La CEE, que en 1967 se fusionaría con la Comunidad Europea del Carbón y del Acero y la Comunidad Europea de la Energía Atómica para formar las Comunidades Europeas, crecería en tamaño (con la primera ampliación a Reino Unido, Irlanda y Dinamarca en 1973\) y en profundidad, evolucionando desde una unión aduanera hacia ámbitos como la política agrícola común, la cooperación política y, eventualmente, la unión monetaria.
El 29 de junio de 1958, el estadio Råsunda de Solna, cerca de Estocolmo, fue testigo del nacimiento de una nueva potencia futbolística mundial. La selección brasileña conquistó su primer título mundial al derrotar a los anfitriones suecos por 5-2 en la final de la Copa del Mundo, tras remontar un gol inicial local. Esta victoria, que coronaba un torneo en el que Brasil deslumbró con su estilo ofensivo y elegante, estuvo protagonizada por dos figuras contrastantes: el joven Pelé, de solo 17 años, que marcó dos goles en la final (incluyendo una obra maestra de control y definición) y que se convertiría en el jugador más joven en ganar un Mundial; y Garrincha, el extremo derecho de piernas arqueadas por una malformación congénita, cuyo virtuosismo técnico y capacidad de desborde dejaron atónitos a los defensas rivales. Este primer título consolidaba el "jogo bonito" (juego bonito) como marca distintiva del fútbol brasileño, con un estilo que privilegiaba la creatividad individual, la improvisación y el ataque, en contraste con el fútbol más físico y disciplinado de Europa. La victoria tuvo un impacto profundo en Brasil, reforzando la autoestima nacional y estableciendo el fútbol como elemento central de la identidad brasileña. Además, este triunfo iniciaba una era de dominio brasileño que incluiría tres títulos mundiales en doce años (1958, 1962 y 1970), estableciendo a la "seleção" como el equipo más exitoso y admirado de la historia del fútbol mundial.
El programa espacial estadounidense dio un importante paso adelante el 31 de enero de 1958 con el lanzamiento del satélite Vanguard 1\. Aunque no fue el primer satélite (precedido por el Sputnik 1 y 2 soviéticos y el Explorer 1 estadounidense), este pequeño satélite de solo 1,47 kg fue revolucionario por ser el primero en utilizar energía solar mediante seis células fotovoltaicas que alimentaban un transmisor de respaldo. Esta innovación, que permitiría a los satélites posteriores operar durante periodos mucho más largos sin depender exclusivamente de baterías, representó un avance significativo para las futuras misiones espaciales. El Vanguard 1, lanzado como parte del programa para el Año Geofísico Internacional, permaneció transmitiendo durante más de seis años, proporcionando valiosos datos científicos, incluida la confirmación de que la Tierra no es perfectamente esférica sino ligeramente achatada en los polos. Este satélite, que sigue en órbita hoy en día y se espera que permanezca allí durante unos 240 años, es el objeto artificial más antiguo en el espacio, un testigo silencioso de los albores de la era espacial. Su exitoso despliegue, tras varios intentos fallidos (incluyendo el humillante "fallounik" o "kaputnik", un lanzamiento que explotó ante las cámaras de televisión en diciembre de 1957), representó un pequeño pero significativo avance para Estados Unidos en la incipiente carrera espacial con la Unión Soviética, que había tomado una ventaja inicial con el Sputnik.
El 24 de enero de 1958, la República Popular China inició uno de los experimentos socioeconómicos más radicales y trágicos de la historia moderna. El "Gran Salto Adelante", lanzado por Mao Zedong tras consolidar su poder en las purgas del movimiento "Que florezcan cien flores", pretendía transformar la economía agraria china en una sociedad industrializada en tiempo récord mediante la movilización masiva de recursos humanos. El plan incluía la creación de comunas populares que reemplazaron a los hogares tradicionales como unidades básicas de producción, colectivizando la tierra, las herramientas e incluso la vida cotidiana, con comedores comunales y dormitorios separados por género. Se construyeron millones de pequeños hornos de acero en patios traseros donde los campesinos, sin experiencia metalúrgica, intentaban producir acero fundiendo desde herramientas agrícolas hasta cacerolas, frecuentemente obteniendo metal inservible. Simultáneamente, se implementaron técnicas agrícolas experimentales pseudocientíficas como la "plantación profunda" y la eliminación de "plagas" como gorriones, que en realidad controlaban poblaciones de insectos que devoraban las cosechas. El resultado de estas políticas radicales, combinado con sequías, inundaciones y la reticencia de los funcionarios locales a informar del fracaso por temor a represalias, fue una catástrofe humanitaria sin precedentes: entre 15 y 55 millones de personas murieron por hambruna entre 1958 y 1962 en lo que se conocería eufemísticamente como "los tres años difíciles". Esta tragedia, ocultada durante décadas por el régimen chino, provocó la marginación temporal de Mao dentro del Partido Comunista y representó un punto de inflexión ideológico, allanando el camino para las posteriores reformas pragmáticas de Deng Xiaoping que eventualmente transformarían China en la potencia económica que es hoy.
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