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1956: Crisis internacionales y revoluciones culturales que marcan una nueva era

El verano y otoño de 1956 presenciaron una crisis internacional que alteraría profundamente el equilibrio de poder en Oriente Medio y aceleraría el fin del colonialismo europeo. El 26 de julio, el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser nacionalizó el Canal de Suez, hasta entonces controlado por una compañía franco-británica, como respuesta a la retirada de financiación estadounidense y británica para la presa de Asuán. Esta decisión provocó la indignación de las potencias coloniales que dependían del canal para el comercio y el petróleo. El 29 de octubre, Israel, en coordinación secreta con Francia y Reino Unido, invadió la península del Sinaí, proporcionando el pretexto para que británicos y franceses intervinieran militarmente con el supuesto objetivo de "separar a los combatientes" y proteger el canal. Esta operación, basada en el engaño y motivada por el deseo de derrocar a Nasser y recuperar el control del canal, encontró la firme oposición diplomática tanto de Estados Unidos (bajo Eisenhower) como de la Unión Soviética, que amenazó con una intervención nuclear en apoyo de Egipto. La presión combinada de las superpotencias y de la recién creada ONU forzó la retirada de los invasores en diciembre, marcando el fin de la hegemonía colonial británica y francesa en Oriente Medio y el ascenso de Nasser como líder del nacionalismo árabe. Esta crisis, último intento de las antiguas potencias coloniales de actuar independientemente de las superpotencias, evidenció la nueva realidad geopolítica donde incluso aliados tradicionales como Reino Unido y Francia debían subordinarse a la lógica bipolar de la Guerra Fría.

Australia acogió por primera vez unos Juegos Olímpicos del 22 de noviembre al 8 de diciembre de 1956\. Celebrados por primera vez en el hemisferio sur, estos juegos estuvieron marcados por el contexto internacional de la Crisis de Suez y la Revolución Húngara. El enfrentamiento de waterpolo entre Hungría y la URSS, conocido como "el baño sangriento de Melbourne", donde jugadores húngaros (cuyo país estaba siendo invadido por tanques soviéticos) y soviéticos se enzarzaron en una batalla acuática que acabó con sangre en la piscina, simbolizó las tensiones políticas que se trasladaban al terreno deportivo. A pesar de estos problemas y de algunos boicots (Países Bajos, España y Suiza protestando por la invasión soviética de Hungría; Egipto, Irak y Líbano por la Crisis de Suez), los juegos fueron un éxito deportivo. La atleta soviética Larisa Latynina emergió como estrella al ganar cuatro medallas de oro en gimnasia, iniciando una carrera que la convertiría en la deportista olímpica más condecorada hasta que Michael Phelps superara su récord en 2012\. Australia, anfitriona, se desempeñó extraordinariamente bien quedando tercera en el medallero, con figuras como la nadadora Dawn Fraser y el atleta Betty Cuthbert convirtiéndose en héroes nacionales. Estos juegos, a pesar de la distancia geográfica que dificultó la asistencia de muchos atletas y espectadores, fortalecieron la identidad australiana y su lugar en el mundo, acelerando su transición desde una mentalidad colonial británica hacia una identidad nacional más independiente y conectada con su región.

El rock and roll encontró su definitiva consagración mainstream el 9 de septiembre de 1956, cuando Elvis Presley realizó su primera aparición en el Ed Sullivan Show, el programa televisivo dominical más influyente de Estados Unidos. El cantante de 21 años, ya famoso pero aún controvertido por su estilo provocativo, actuó ante una audiencia televisiva estimada en 60 millones de personas (el 82% de la audiencia televisiva de ese día), interpretando "Don't Be Cruel", "Love Me Tender" y "Hound Dog". Aunque la leyenda afirma que fue filmado solo de cintura para arriba para evitar mostrar sus provocativos movimientos pélvicos (el "Elvis the Pelvis" que escandalizaba a la América conservadora), lo cierto es que se le mostró completo, aunque desde ángulos cuidadosamente seleccionados. Esta actuación, pese a las reticencias iniciales de Sullivan (quien había rechazado contratar a Presley pero cambió de opinión ante sus astronómicos índices de audiencia en programas competidores), catapultó definitivamente la carrera de Presley y consolidó el rock and roll como fenómeno cultural juvenil de masas. La aparición de Elvis, con su mezcla de agresividad sexual, vulnerabilidad y carisma magnético, simbolizó la creciente brecha generacional en la sociedad americana y la emergencia de una cultura juvenil con valores e ídolos propios. El rock and roll, con sus raíces en el rhythm and blues afroamericano, también desafiaba indirectamente las barreras raciales de la América segregada, creando un espacio cultural compartido que prefiguraba los movimientos sociales de las décadas siguientes.

Uno de los levantamientos populares más significativos del siglo XX comenzó el 23 de octubre de 1956 como una manifestación estudiantil en Budapest y se extendió rápidamente por toda Hungría. Inicialmente inspirada por la desestalinización parcial promovida por Jrushchov en la URSS y el ejemplo del vecino polaco, que había logrado concesiones de Moscú, la Revolución Húngara comenzó demandando reformas dentro del sistema comunista pero evolucionó hacia el rechazo del modelo soviético. Los manifestantes derribaron una estatua gigante de Stalin, símbolo del dominio extranjero, y tras enfrentamientos con la policía política AVH, lograron establecer un gobierno reformista liderado por Imre Nagy. El nuevo primer ministro anunció la salida del Pacto de Varsovia, la neutralidad húngara y la celebración de elecciones multipartidistas, cruzando así la línea roja para Moscú. El 4 de noviembre, tanques soviéticos entraron masivamente en Budapest aplastando la resistencia armada y restaurando el control comunista. La brutal represión, que causó miles de muertos y 200,000 refugiados que huirían a Occidente, evidenció los límites de la desestalinización y la determinación soviética de mantener su esfera de influencia en Europa Oriental a cualquier precio. Esta tragedia, observada pasivamente por las democracias occidentales que pese a su retórica anticomunista no intervinieron, conmocionó a la opinión pública internacional y desencantó a muchos intelectuales comunistas occidentales, iniciando un éxodo ideológico que se intensificaría con posteriores intervenciones soviéticas en Checoslovaquia (1968) y Afganistán (1979).

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