1943: El avance aliado y el horror del Holocausto
Del 14 de enero al 2 de febrero de 1943, los líderes de las principales potencias aliadas occidentales se reunieron en la ciudad marroquí de Casablanca para definir la estrategia que determinaría el curso de la guerra. La Conferencia de Casablanca, a la que asistieron el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt y el primer ministro británico Winston Churchill (Stalin declinó la invitación aduciendo que no podía abandonar el frente soviético), estableció la política de "rendición incondicional" para las potencias del Eje. Esta exigencia, que rechazaba cualquier negociación con Alemania, Italia o Japón, buscaba evitar la situación posterior a la Primera Guerra Mundial, donde muchos alemanes creyeron que su ejército no había sido realmente derrotado sino "apuñalado por la espalda" por políticos traidores. Los líderes también acordaron la invasión de Sicilia como próximo paso después de la campaña del norte de África, posponiendo la apertura de un segundo frente en Francia, decisión que irritaría a Stalin, quien demandaba aliviar la presión sobre el frente oriental.
Los efectos de la guerra alcanzaron incluso las tradiciones deportivas más arraigadas. El 1 de enero de 1943, el Rose Bowl, uno de los partidos universitarios de fútbol americano más emblemáticos y tradicionalmente jugado en Pasadena, California, se trasladó por única vez en su historia a Durham, Carolina del Norte. Esta decisión sin precedentes se tomó debido a las restricciones impuestas en la costa oeste tras el ataque a Pearl Harbor, que incluían la prohibición de grandes aglomeraciones por temor a posibles bombardeos japoneses. El partido, en el que Georgia venció 9-0 a UCLA, simbolizó la capacidad de adaptación del deporte americano a las circunstancias bélicas. Durante la guerra, muchos equipos universitarios y profesionales operaron con plantillas reducidas, incluyeron a jugadores mayores exentos del servicio militar o fusionaron temporalmente sus plantillas, como ocurrió con los Pittsburgh Steelers y Philadelphia Eagles, que formaron los "Steagles" en 1943\.
La literatura ofreció refugio y reflexión en tiempos de horror. El 19 de abril de 1943, en un mundo convulsionado por la guerra, se publicó en Nueva York "El pequeño príncipe" (Le Petit Prince) del escritor francés Antoine de Saint-Exupéry. Esta fábula filosófica sobre un príncipe que viaja entre planetas y descubre diferentes tipos de personas representando diversos aspectos de la naturaleza humana, se publicó primero en inglés y francés en Estados Unidos, donde el autor se había exiliado durante la ocupación nazi de Francia. Saint-Exupéry, aviador además de escritor, regresaría a Europa para unirse a las fuerzas aliadas y desaparecería en una misión de reconocimiento sobre el Mediterráneo en 1944, añadiendo una capa trágica a la obra. "El pequeño príncipe", con sus delicadas ilustraciones realizadas por el propio autor y su mezcla de sencillez infantil y profundidad filosófica, se convertiría en uno de los libros más traducidos y vendidos de la historia, cautivando a lectores de todas las edades con sus reflexiones sobre la amistad, el amor y el sentido de la vida.
Mientras los aliados avanzaban en diversos frentes, los judíos atrapados en la Europa ocupada por los nazis enfrentaban la aniquilación sistemática. Entre el 19 de abril y el 16 de mayo de 1943, el Gueto de Varsovia, donde los nazis habían confinado a más de 400,000 judíos en condiciones infrahumanas, fue escenario de la mayor insurrección judía durante el Holocausto. Liderado por la Organización Judía de Combate bajo el mando de Mordechai Anielewicz, el levantamiento comenzó cuando las fuerzas alemanas entraron para continuar las deportaciones a los campos de exterminio. Armados precariamente con pistolas, granadas caseras y cócteles molotov, los combatientes judíos resistieron 28 días, mucho más de lo esperado, contra tropas SS bien equipadas al mando de Jürgen Stroop. Aunque la insurrección fue brutalmente reprimida, resultando en la muerte o deportación de los 56,000 judíos que quedaban en el gueto, y el barrio entero fue arrasado, este acto de resistencia heroica desafió el estereotipo de pasividad judía ante la persecución y se convirtió en símbolo de la lucha por la dignidad incluso en las circunstancias más desesperadas.
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